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Un iceberg de cristal transparente en un mar azul marino oscuro: solo su pequeña punta sobre la línea de flotación brilla en dorado, mientras la masa mucho mayor bajo la superficie está recorrida por finas líneas de circuito doradas.

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Cómo la nube reduce tus costes de TI directos, indirectos y ocultos

El hardware es solo la parte visible de lo que cuesta la TI. Cómo la nube reduce los costes directos, indirectos y ocultos, y por qué el tiempo de inactividad es el más caro de todos.

¿Es la nube realmente cara, o puede ayudarte a reducir costes? Toda empresa quiere el mejor retorno de lo que gasta en TI, y el precio de compra de servidores y equipos es solo la punta del iceberg. Bajo la superficie hay costes fáciles de pasar por alto y a menudo mayores. Los vemos en tres grupos.

Costes directos

Los costes directos son lo que pagas por el propio equipamiento: servidores, conmutadores de red, cortafuegos y otros dispositivos, almacenamiento y un sistema de alimentación ininterrumpida (SAI). Todo aquello de lo que tu empresa no puede prescindir debería estar idealmente duplicado, para que el negocio siga funcionando cuando falle un componente.

Todo eso necesita una sala de servidores, con climatización (HVAC) para mantenerla a la temperatura adecuada y seguridad física para protegerla. A ello se suman las conexiones a internet, la electricidad, los sistemas de alarma y una solución de copias de seguridad, preferiblemente en una segunda ubicación.

Costes indirectos

Los costes indirectos son las personas y los servicios necesarios para mantener todo seguro y estable: administradores de sistemas, ingenieros de red, contratos de soporte con los fabricantes de hardware, vigilantes de seguridad y suministros.

Costes ocultos

Los costes ocultos son el verdadero peligro. ¿Qué ocurre cuando falla un servidor y tus empleados no pueden trabajar porque dependen de él? Cada hora de inactividad significa personas que no pueden ser productivas, ingresos que no se generan y clientes que no se atienden. Las causas van desde fallos de hardware hasta cortes de suministro, incendios y ciberataques, y tienes que estar preparado para todas.

Una cuenta sencilla lo ilustra: veinte empleados que no pueden trabajar durante media jornada cuestan ochenta horas de trabajo, antes de contar un solo pedido perdido.

Qué cambia la nube

En la nube evitas la inversión inicial en hardware y en las instalaciones para alojarlo. Evitas los costes indirectos de mantener ese hardware, porque el proveedor lo hace a una escala que ninguna empresa por sí sola puede igualar. Y reduces los costes ocultos del tiempo de inactividad, porque la redundancia, las copias de seguridad y la recuperación forman parte de la plataforma en lugar de ser algo que tienes que añadir.

Eso no hace que toda factura de la nube sea pequeña por defecto. El ahorro viene de un entorno bien diseñado: el tamaño adecuado para cada carga de trabajo, recursos apagados cuando nadie los usa y reservas para lo que funciona sin parar. Ahí es donde ayudamos.

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